Rainer Huhle nos ofreció una brillante síntesis del camino recorrido en Alemania una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y derrotado el nazismo. El espectro de enfoques diferentes sobre cómo se abordó en ese país el problema de las víctimas, el horror y la memoria es sorprendente: Los soldados americanos reunían a la población alemana frente a montones de cadáveres, para que nunca olvidaran las atrocidades cometidas por el gobierno que ellos habían apoyado o tolerado. Rainer nos recuerda que ese tipo de pedagogía no tuvo ni tiene efecto positivo alguno. Presentó una foto de los norteamericanos que liberaron en 1.945 el campo de concentración de Buchenwald a 10 kilómetros de Weimar, llevaban a los ciudadanos de Weimar al campo de concentración a que vieran los muertos apilados en carretas. Las caras eran de horror, desconcierto. Era pedagogía del horror.
Otro enfoque popular en aquella época fue el de la venganza ciega. Un ciudadano envió una carta al famoso fiscal que digirió los juicios de Nüremberg, ofreciéndose como verdugo para matar a hachazos a los nazis capturados. La famosa carta, fue presentada por Rainer en una diapositiva. Hay un peligro de convertirnos en lo que combatimos.
Hubo una tendencia de “borrón y cuenta nueva”, propuesto por el Partido Liberal alemán. De paso, Rainer nos recuerda cómo este enfoque fue acogido décadas después en Latinoamérica tras la caída de las famosas dictaduras militares de los años setenta y ochenta.
El Partido Comunista alemán, por su parte, fue el único que mantuvo la bandera clara de mantener la memoria y reivindicar a las víctimas, pero soslayando – nos recuerda Reiner, los problemas similares al nazismo que ocurrían en países de gobiernos comunistas.
También estuvo el enfoque del Partido Socialdemócrata alemán, que fue el enfoque que finalmente se impuso, de mantener la memoria, pero con base en el levantamiento de una nueva cruzada alemana contra otro enemigo externo, en ese caso el bloque soviético.
Existen diversas formas de encarar la memoria histórica. Uno de ellas es a través de fotos de la violencia (muertos, masacres, asesinatos). Nos presentó una serie de ejemplos de uso del arte para mantener viva la memoria, en Alemania y en Perú. Iconografías, monumentos callejeros, exposiciones itinerantes, que ayudan a mantener viva la memoria del horror.
Su exposición fue impactante, nos hizo sentir que esas mismas posturas que la sociedad alemana mantuvo durante los primeros años de la posguerra, son las mismas que encontramos hoy en Colombia, con la diferencia que aquí la guerra no ha terminado, ni los victimarios han sido derrotado ni castigados.
Otro enfoque muy en boga fue el que hoy conocemos como “Punto final”, es decir, olvidemos todo, borrón y cuenta nueva.
Rainer Hulhe nos ofreció una brillante síntesis del camino recorrido en Alemania una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y derrotado el nazismo. El espectro de enfoques diferentes sobre cómo se abordó en ese país el problema de las víctimas, el horror y la memoria es sorprendente: Los soldados americanos reunían a la población alemana frente a montones de cadáveres, para que nunca olvidaran las atrocidades cometidas por el gobierno que ellos habían apoyado o tolerado. Rainer nos recuerda que ese tipo de pedagogía no tuvo ni tiene efecto positivo alguno. Presentó una foto de los norteamericanos que liberaron en 1.945 el campo de concentración de Buchenwald a 10 kilómetros de Weimar, llevaban a los ciudadanos de Weimar al campo de concentración a que vieran los muertos apilados en carretas. Las caras eran de horror, desconcierto. Era pedagogía del horror.
Otro enfoque popular en aquella época fue el de la venganza ciega. Un ciudadano envió una carta al famoso fiscal que digirió los juicios de Nüremberg, ofreciéndose como verdugo para matar a hachazos a los nazis capturados. La famosa carta, fue presentada por Rainer en una diapositiva. Hay un peligro de convertirnos en lo que combatimos.
uenta nueva, propuesto por el Partido Liberal alemán. De paso, Rainer nos recuerda cómo este enfoque fue acogido décadas después en Latinoamérica tras la caída de las famosas dictaduras militares de los años setenta y ochenta.
El Partido Comunista alemán, por su parte, fue el único que mantuvo la bandera clara de mantener la memoria y reivindicar a las víctimas, pero soslayando – nos recuerda Reiner, los problemas similares al nazismo que ocurrían en países de gobiernos comunistas.
También estuvo el enfoque del Partido Socialdemócrata alemán, que fue el enfoque que finalmente se impuso, de mantener la memoria, pero con base en el levantamiento de una nueva cruzada alemana contra otro enemigo externo, en ese caso el bloque soviético.
Existen diversas formas de encarar la memoria histórica. Uno de ellas es a través de fotos de la violencia (muertos, masacres, asesinatos). Nos presentó una serie de ejemplos de uso del arte para mantener viva la memoria, en Alemania y en Perú. Iconografías, monumentos callejeros, exposiciones itinerantes, que ayudan a mantener viva la memoria del horror.
Su exposición fue impactante, nos hizo sentir que esas mismas posturas que la sociedad alemana mantuvo durante los primeros años de la posguerra, son las mismas que encontramos hoy en Colombia, con la diferencia que aquí la guerra no ha terminado, ni los victimarios han sido derrotado ni castigados.
